"Los Juguetes" Juan José Morosoli "Cuando mi madre estuvo grave, nosotros salimos de nuestro hogar. Mi abuela se llevó a mis hermanos más chicos y yo fui a la casa que era la más lujosa del pueblo. Mi compañero de banca vivía allí. La casa no me gustó desde que llegué a ella . La madre de mi compañero era una señora que andaba siempre recomendando silencio. Los criados eran serios y tristes. Hablaban como en secreto y se deslizaban por las piezas enormes como sombras. Las alfombras atenuaban los ruidos y las paredes tenían retratos de hombres graves, de caras apretadas por largas patillas. Los niños jugaban en la sala de los juguetes sin hacer ruido. Fuera de aquella sala no se podía jugar. Estaba prohibido. Los juguetes estaban alineados cada uno en su lugar, como los frascos en las boticas. Parecía que con aquellos juguetes no hubiera jugado nadie. Yo hasta entonces había jugado siempre con piedras, con tierra, con perros y con niños. Pero nunca con juguetes como aque...
Entradas más populares de este blog
Seguridad ciudadana Si no fuera por las muchas ropas que lleva puestas doña Gertrudis no haría sombra en el suelo; y los vientos del invierno la volarían por los aires. Pero ella camina por las calles de Montevideo, encorvada como un signo de interrogación y solita se las arregla para hacer sus cosas y seguir viviendo. Un día de estos, cuando fue a cobrar su jubilación, sufrió un contratiempo. Tiempo de destiempos, el peligro acechaba en cada esquina, doña Gertrudis no anda desarmada. Ella lleva, siempre , una tijera escondida en la cartera. Iba sentada en el ómnibus, miró la hora, le faltaba el reloj. Sin vacilar, clavó la tijera en la barriga del joven sinvergüenza que iba sentado a su lado: - El reloj, dijo doña Gertrudis. El muchacho tartamudeó. - ¿Cómo dice, señora? - El reloj- exigió ella y la tijera pinchó. El muchacho le dejó el reloj y de un salto bajó del ómnibus. Con el reloj apretado en el puño y el corazón alborotado, doña Gertrudis llegó a su ...
“El día del arquero” de Juan Sasturain De pibe, uno es arquero por vocación o por descarte: “Atajo yo” o “Vos, andá al arco”. Pero predomina el descarte o el negociado ir y venir de incesantes arqueros siempre renovados: “Viejo, un gol cada uno… Ahora te toca a vos”. Es decir que la vocación pateadora es primeriza, natural, instintiva. La atajadora, no. La primera tiene que ver con la ardorosa actividad infantil, la participación directa sólo limitada por el grado de iniciativa para correr como un desaforado detrás de la pelota. La arqueridad, en cambio, se vincula a un cierto grado de madurez. El que ataja es porque ha vivido. Aunque sea un poquito. […] Nomenclaturas La cosa empieza ya en el nombre que describe su oficio, ambiguo si los hay: arquero. ¿Arquero de qué arco? Cualquiera sabe que en el fútbol no hay arcos sino, cuanto mucho, marcos… Los misterios de la semántica futbolera convirtieron un rectángulo en arco, transmutaron el receptor de los envíos en sinónimo de prodig...

Comentarios
Publicar un comentario